SALSA CALIENTE EN CALI COLOMBIA

Cali es conocida por ser la capital de la salsa, además es uno de los principales centros económicos e industriales de Colombia, el principal centro urbano, cultural, económico, industrial y agrario del sur-occidente del país y el tercero a nivel nacional.

Cali es conocida por ser la capital de la salsa, además es uno de los principales centros económicos e industriales de Colombia, el principal centro urbano, cultural, económico, industrial y agrario del suroccidente del país y el tercero a nivel nacional.

Desde la capital mundial de la salsa, Cali Colombia, apelativo nacido en los años ochenta y de la mano de radio La Cariñosa, podrá disfrutar de las más variadas entrevistas a los grandes maestros salseros y recorrer con la imaginación esta bellísima ciudad.

Carolina, la O colombiana, el grupo Canela, Joe Arroyo, los Niches, Nelson y sus estrellas y tantos otros reconocidos maestros y solistas de la salsa en Cali Colombia.

La Sucursal del Cielo

La salsa, en Cali Colombia que cautiva con su ritmo caliente, ha sabido sobrevivir a los efectos de la transculturación consagrada con  su propio  “himno” es para el mundo la soberana de este  género musical.

Las orquestas de salsa constituidas exclusivamente por mujeres caleñas, conforman un fenómeno social único en la historia de la salsa de Cali Colombia.

  • Son de Azúcar.
  • Canela.
  • Anacaona.
  • Chicas Madera.
  • Las Ardillitas.
  • Yerbabuena.
  • Maraba.
  • Morancha.

Identidad musical y bellezas naturales de Cali Colombia.

Santiago de Cali y la salsa caleña, unidos en un amor celestial en la sucursal de cielo.  emplazada en el valle del río Cauca, a un pasito del océano Pacífico, Cali Colombia, tiene curvas de mujer, sangre de grandes orquestas, sabor, amor. Salsa es mujer, Cali Colombia es mujer.

Hagamos un paseo imaginario en autobús a través de la voz de La Cariñosa, recorramos sus calles coloniales mientras escuchamos sus ritmos caleños de salsa.

Comencemos por la Avenida Del Río y detengámonos a ver la  emblemática escultura de Hernando Tejada, El Gato del Río.

Subamos hasta el Cerro Los Cristales y lleguemos hasta lo más alto, con la ciudad rendida a nuestros pies, mientras escuchamos los acordes de “Hay algo en ti”

“Hay algo en ti que anula mis cinco sentidos,  hay algo en ti que estimula la ternura de un niño.»

Descolgándose unas cuadras, la Calle Quinta. Y sobre la Quinta, La Topa Tolondra, Baco, Evocaciones, Tintin-Deo, donde no solo suena salsa, bolero, sino también música del Pacífico, chirimía, el piano de la selva: la marimba. Cali que se alarga en dirección al mar a la hora de bailar. La otra vez, cuando se alargaba buscando el río Cauca, y en la entrada de Candelaria Juanchito era su gran discoteca a cielo abierto, un jueves santo allí se apareció el mismísimo Satanás. Eso cuentan. Que cayó en Agapito y que estuvo moviendo el esqueleto hasta que una muchacha le olió el azufre, le vio las pezuñas y pegó el grito. Pobre diablo. Porque aquí tienen chance de bailar hasta los troncos. Bailan los árboles, a través de sus ramas, que todas las tardes tienen cita con el viento que llega desde el Pacífico y desde la cordillera occidental. Esa es la razón por la cual la máquina de soplidos universales aquí no se haya averiado nunca. El Parque Nacional Natural Los Farallones a golpe de vista, y a tres horas de camino, Buenaventura y el mar. La Sucursal del Cielo, así le dicen a Cali.

Muy cerca de una entrada a Los Farallones, en el corregimiento de Villa Carmelo, Andrés Ossa, un diseñador gráfico que junto a su esposa desarrolla un programa de conservación y educación ambiental a través de la ONG Naturaleza Creativa, dice que esa cercanía con el universo en su estado más puro es quizás la mayor riqueza que tiene la capital del departamento. Andrés es de Restrepo y toda la vida, cuenta, se soñó viviendo en la montaña por lo que desde la distancia no veía su futuro en Cali. Hasta cuando descubrió su zona rural, sus quince corregimientos y algunos lugares que cuenta, son de otro mundo. Hace seis meses, cuando empezaron a organizar caminatas ecológicas, por ejemplo, vieron un venado tomando agua al borde de una cascada que descubrieron después de una travesía de seis horas. ¡Verlo fue un regalo! ¡Un regalo!, dice Andrés, seguro y feliz de que ese es un símbolo de que su especie se está recuperando en Los Farallones.